
Monseñor Marcel Lefebvre
Ramiro de Maeztu
"Vosotros no sabéis por qué me matáis, pero yo sí sé por lo que muero, para que vuestros hijos sean mejores que vosotros"
miércoles, 16 de septiembre de 2009
EL ALCALDE SOCIALISTA DE BAENA

martes, 15 de septiembre de 2009
15 DE SEPTIEMBRE, LOS SIETE DOLORES DE LA SMA. VIRGEN MARÍA
lunes, 14 de septiembre de 2009
14 DE SEPTIEMBRE, EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ
NUESTROS MÁRTIRES

FRANCISCO OLIVARES GALIANA
Nació en Manzanares (Ciudad Real), el 23 de noviembre de 1886. De profesión escribiente, sacristán y santero de la ermita de la Vera Cruz en Manzanares, habitaba con su esposa la pequeña vivienda anexa a la iglesia, cuando estallo la persecución religiosa en julio de 1936.
En la noche del 21 de julio, cuando las masas rojas empezaron a incendiar y destruir edificios religiosos de la ciudad, llegaron de madrugada a la ermita de la Vera Cruz, de Nuestro Padre Jesús del Perdón, patrón de Manzanares, armados con escopetas, algún fusil, hachas y latas de gasolina. Comenzaron a aporrear las puertas para derribarlas y entrar.
Ante ello, "Paquito" (como era conocido cariñosamente), siguiendo fielmente instrucciones de los mayordomos de la cofradía y sin "escurrir el bulto", como algunos le habían aconsejado, se lanzó a tocar con todas sus fuerzas las campanas, pidiendo auxilio para salvar la venerable imagen de Jesús arrodillado con la Cruz a cuestas y la histórica ermita de la Vera Cruz.
Nadie acudió en su ayuda. Destrozadas las puertas de la ermita, entraron y se dirigieron a la imagen de Jesús del Perdón, a cuyos pies se abrazó "Paquito" dispuesto a defenderla con su vida, si era necesario. Así fue: un miliciano cargó su escopeta y le disparó una descarga de postas, atravesándole la espalda. Su sangre se empezó a derramar sobre el pavimento del altar y sobre ella caían los pedazos de la imagen, destrozada a golpes de hacha. "Paquito" herido mortalmente, se arrastró como pudo hacia la sacristía e intentó salir a la calle. Allí otro grupo terminó con su vida rematándole con armas blanca.
Algunos vecinos contemplaron la escena sin atreverse a salir en su ayuda. Así "Paquito" entregó su vida y derramó su sangre, por su fe cristiana y su amor a Jesús del Perdón, en la madrugada del 21 de julio de 1936. "Paquito", el primer mártir de la persecución religiosa en Manzanares, de una honradez intachable, fue fiel cumplidor de sus deberes cristianos hasta llegar al sacrificio. El clamor popular pide que sea incluido entre los seglares venerables, para que pueda servir de ejemplo a nuevas generaciones.
jueves, 10 de septiembre de 2009
VIDEO DEL FUNERAL DE S.S. PÍO XII
sábado, 5 de septiembre de 2009
EL POSTCONCILIO Y LA DESCRISTIANIZACIÓN DE ESPAÑA y V

B) Utilizaron su autoridad, sobre un pueblo mayoritariamente católico, para prefigurar los partidos que iban a consolidarse como partidos con representación parlamentaria. Como Mons. Guerra Campos ha señalado, la Conferencia Episcopal decidió contribuir a la coexistencia pacífica de los españoles impidiendo que los católicos, es decir la mayoría del pueblo, pudieran agruparse como católicos en una formación política, y prefirieron que se insertaran en otras organizaciones cualesquiera. Es decir, que los católicos tenían que ejercer su influencia solamente desde el interior de partidos no católicos. Esto fue llevado a la práctica por un doble juego que consistía, de una parte, en defender la libertad de los católicos que trabajaban en partidos no católicos y, de otra, en desaprobar los partidos católicos. Es necesario observar que hay una disparidad entre los partidos laicos, que no necesitan del apoyo eclesiástico, y los partidos católicos que defienden un programa mas acorde con la doctrina social de la Iglesia y tienen, por tanto, necesidad de su apoyo o, al menos, de su silencio.
El método sistemáticamente seguido por la Conferencia Episcopal consistirá, de un lado, en defender la libertad de los políticos de ideología laica es decir de los marxistas, socialistas, liberales y separatistas, y defender su derecho de presentarse libremente a las elecciones. Quizá el caso más sangrante ha sido el del obispo de Bilbao, Mons. Añover, que publicó una carta pastoral donde defendía el derecho de libertad de los vascos "en el conjunto de los pueblos que constituyen el Estado Español" lo cual equivalía, en su contexto, a una manifiesta defensa del separatismo vasco. Cuando el gobierno de Arias Navarro decidió expulsar a este obispo por su ataque a la unidad de España, la Conferencia Episcopal escribió un documento amenazando de excomunión a las autoridades políticas. También debe señalarse que, a la par, numerosos católicos y sacerdotes se inscribieron en partidos de izquierdas, sin que la Conferencia Episcopal les molestara en lo más mínimo.
Por otro lado, para acallar y someter a los partidos y grupos de católicos que defendían las doctrinas tradicionales de la Iglesia, la Conferencia Episcopal, o su presidente Tarancón, no economizaron las descalificaciones y pusieron todos los obstáculos que tuvieron a su alcance para evitar la formación de tales grupos, o para frenar si un flujo sobre los católicos. Las expresiones despectivas de Tarancón contra, por ejemplo, Fuerza Nueva, y la difilcultades que la Conferencia presentó para la legalización de la Hermandad Sacerdotal, son algunos de los ejemplos más llamativos.
Por su parte el Vaticano no hacía nada para limitar la interpretación extrema del Concilio hecha por los obispos españoles. Al contrario, manifestó repetidamente una animadversión profunda contra España tradicional. Por ejemplo, en 1965 Pablo VI regaló a Turquía las banderas de Lepanto, condenando, al mismo tiempo, las guerras de religión; en 1974 atacó, una y otra vez, en sus discursos el régimen de Franco, al paso que sistemáticamente arrinconaba a todos los obispos que no se plegaban a las directrices, que provenían de él mismo y eran ejecutadas por el nuncio, Mons. Dadaglio, para implantar en España una democracia. En fin, justo antes de la aprobación de la constitución atea de 1978, una delegación del gobierno, con el presidente Suárez a la cabeza, fue recibida en Roma, donde el Cardenal Cassaroli le hizo saber que el Vaticano era favorable a una constitución aconfesional. Da pues la impresión de que, como un autor tradicionalista preveía ya en 1965, el abandono de la unidad religiosa de España ha sido, para la Roma progresista, el chivo expiatorio que había de entregarse al mundo moderno para que éste le perdonara su constantinismo de tiempos pasados.
Por su parte los grupos de católicos tradicionales, poco poderosos por cierto, ya que, en cierta medida, se habían quedado adormecidos tras la victoria del 36 y no habían sido favorecidos por la estructura vertical del poder en tiempos de Franco, se vieron en la preplejidad al tener que elegir entre la adhesión incondicional a Roma y la adhesión a la tradición. Esa perplejidad se solventó, en la mayoría de los casos, a favor de la obediencia ciega, pues con ella se cree transferir la responsabilidad propia al superior, y la conciencia espera quedarse tranquila. De ello se encuentra un buen ejemplo entre la actitud de los españoles con ocasión de los viajes de Mons. Lefebvre a España: antes de la suspensión de este obispo en 1978, se llegaba a impedir la circulación en el centro de Madrid; algunos meses más tarde, tras la condenación, se presentó un libro sobre Mons. Lefebvre en un cine con una asistencia más bien pobre.
Este mismo espíritu de obediencia ciega es el que, sin duda, está a la base de fracaso de los partidos tradicionales y del éxito completo de la estrategía de Tarancón en la Conferencia Episcopal, de Dadaglio en la Nunciatura e incluso del Papa en Roma. En el referendum para aprobar la constitución, los votos fueron favorables en un noventa y tantos por ciento y, en las primeras elecciones, ningún partido próximo al franquismo, sea tradicionalista o no, obtuvo representación parlamentaria, Ni siquiera la democracia cristiana.
Para terminar con esta triste historia cabe preguntar cual ha sido la situación de la Iglesia oficial en España en estos últimos años. Su oposición a la existencia de la confesionalidad, incluso en el seno de los partidos políticos, tuvo como resultado que la Iglesia careciera en absoluto de poder legal para influir sobre el gobierno. ¿Cual ha sido, pues, su actitud entre la materias comunes al Estado y la Iglesia? La respuesta es que esa actitud ha sido tortuosa en la práctica y oscura en la doctrina. Pues la Iglesia había defendido su separación del Estado, bajo pretexto de obtener su propia libertad. Pero en la práctica ha tratado de mantener ciertos privilegios, cosa que, por cierto, los gobiernos laicos anteriores a Zapatero se apresuraron a conceder. Quizá esta condescendencia se produjo a cambio de una beligerancia moderada y de una dosis de ambigüedad doctrinal suficiente como para desalentar cualquier empresa política seria procedente de la gran masa católica que todavía existe en España.
Hoy, ante el desastre de este gobierno socialista, a los prelados españoles les ha bastado con mover un vergonzante dedo a través de entidades interpuestas, para verse apoyados por masas de católicos, en manifestaciones multitudinarias. Pero son incapaces de explotar esa ventaja, por culpa de los principios de aconfesionalidad del Estado y de libertad religiosa, por su aceptación de las doctrinas de la dignidad de la persona y de los derechos humanos, todo lo cual no es más que un racimo de quites paralizantes, sin cuya ablación no cabe esperar que dirijan, o favorezcan, la recta acción política de los católicos.
Por eso termino recordando que, como en otro tiempo hicieron los carlistas y los cristeros, tenemos la obligación de luchar por los derechos de Dios y de la Iglesia, aunque la mayoría de los curas y de los obispos nos nieguen su bendición.
José Miguel Gambra
viernes, 4 de septiembre de 2009
VIDEO DE LA CORONACIÓN DE S.S. EL PAPA PÍO XII
miércoles, 2 de septiembre de 2009
NUESTROS MÁRTIRES

sábado, 29 de agosto de 2009
EL POSTCONCILIO Y LA DESCRISTIANIZACIÓN DE ESPAÑA IV

Fuente "Tradición Católica" Revista de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X en España. Julio-agosto 2006 Nº 206
miércoles, 26 de agosto de 2009
BUSCANDO LA DIFERENCIA
¡Con esta si hay diferencia! Con esta no hay duda que se trata de la Santa Misa Católica. La Misa de siempre, la de ayer, la de hoy, la del futuro.
EL QUE TENGA ENTENDIMIENTO QUE ENTIENDA
sábado, 22 de agosto de 2009
EL POSTCONCILIO Y LA DESCRISTIANIZACIÓN DE ESPAÑA III

lunes, 17 de agosto de 2009
DIFERENCIA ENTRE ORDINARIO Y EXTRAORDINARIO
jueves, 13 de agosto de 2009
EL POSTCONCILIO Y LA DESCRISTIANIZACIÓN DE ESPAÑA II

lunes, 10 de agosto de 2009
EL POSTCONCILIO Y LA DESCRISTIANIZACIÓN DE ESPAÑA I
viernes, 7 de agosto de 2009
CARTA A DOS OBISPOS VASCOS

Permitidme que me dirija al cielo donde vivís, para comentaros una carta de los actuales obispos de las diócesis vascongadas, dirigida personalmente a todos y cada uno de sus sacerdotes, sobre un problema que os afecta, porque lo sufristeis en vuestra propia carne en el año 1936.
La carta en cuestión, comienza recordando la atención prestada por la Iglesia, después de 71 años, el 7 de octubre de 2007, beatificando a 498, casi todos sacerdotes, martirizados en 1936 por los rojos (comunistas y socialistas), para, acto seguido, subrayar con queja amarga la desatención olvidadiza por parte de la Iglesia de los 14 sacerdotes vasco-separatistas, “ ejecutados por quienes vencieron en la contienda”.
Tú, Mateo Mújica, obispo de Vitoria que entonces comprendía las tres provincias Vascongadas, y que antes fuiste obispo de Pamplona, y de tus manos recibí el sacramento de la Confirmación en Vidángoz (Valle del Roncal), y tú, Marcelino Olaechea, obispo de Pamplona, que vivisteis en el mismo crater del volcán el estallido inevitable de la guerra, para salvar la Iglesia del exterminio comunista y salvar a la Patria de convertirse en una colonia soviética; a vosotros que tanto empeño pusisteis en evitar una guerra también fratricida entre vasco-navarros con raíces profundas cristianas, separados por el “matiz político” del separatismo, os suplico, por favor, decidles a los actuales 4 obispos firmantes y al 5º obispo que no firma por estar jubilado o por esconder la mano, que si quieren hacer, como dicen, un ejercicio de “purificación de la memoria”, lo cuenten todo con transparencia sin dejarse nada en el tintero. Porque vosotros lo dejasteis todo escrito para evitar tergiversaciones futuras, en medio de trabajos y sufrimientos; y publicasteis en el Boletín Diocesano de Vitoria y Pamplona el 6 de agosto del 36, a los 19 días del inicio de la guerra, el primer documento de paz, obligados “por la colaboración de un sector grande de católicos vascos (los separatistas), con las fuerzas del Frente Popular, al que califican de “marxista”, declarando la improcedencia o ilicitud de la conducta del nacionalismo vasco”.
Fracasasteis en el intento con vuestra petición angustiosa, porque “…uno de los dos bandos de hijos nuestros, amantísimos de la Iglesia y seguidores de sus doctrinas, han hecho causa común con enemigos declarados, encarnizados de la Iglesia, han sumado sus fuerzas a las de ellos; por lo que Nos, con toda la autoridad de que nos hallamos investidos… os decimos : no es lícito” “Pensad que la ruina de España es la de todos”
Pero, la desobediencia flagrante, también de vuestros sacerdotes, entre los cuales los 14 fusilados, se impuso; tal era la ceguera de su pasión política, que se hicieron los sordos cuando les dijisteis que sus hermanos sacerdotes en zona roja eran fusilados por miles por sus compañeros de lucha; y las consecuencias se hicieron inevitables, porque la conquista de la cornisa cantábrica en lugar de durar 15 días duró 15 meses con miles de muertos.
Aquí está el nudo de la cuestión de la carta de vuestros sucesores como obispos: que no hacen alusión a la desobediencia a vosotros los dos obispos vascos, de Vitoria y de Pamplona, que llorabais con angustia el desastre que se echaba encima entre vuestros hijos vascos y navarros.
Y vino la consecuencia del fusilamiento de los 14 sacerdotes tras combate con muchas bajas. Yo no puedo aprobar esta acción del comandante Llamas. El cardenal Gomá corrió a quejarse personalmente a Franco en Salamanca; y Franco cortó por lo sano actuaciones de este talante; tú Mateo Mújica saliste en defensa de todos y cada uno de los 14; y hasta Pío XI se refirió públicamente al hecho. En una palabra, no se soslayó el gravísimo tema, antes bien se zanjó la cuestión al más alto nivel. No podemos decir lo mismo de los más de 56 sacerdotes asesinados por el bando en que militaba el clero separatista, a pesar de que Pío XI dijera: “El comunismo es intrínsecamente perverso, y no se puede admitir que colaboren con él en ningún terreno los que quieran salvar la civilización cristiana” Los católicos separatistas, alucinados por el señuelo del Estatuto vasco prometido por el ateo marxista Prieto, prefirieron hacerse cómplices de las matanzas que se sucedieron en las cárceles flotantes de los barcos “Quilates” y “Altuna Mendi” y cárceles por un total de 853 asesinados en las tres provincias, como bien publicó José Echeandía, párroco de Durango, excautivo, testigo del “Altuna Mendi, en su libro “La persecución roja en el país vasco”
Señores obispos vascos de hoy: Si publicáis en vuestra carta los nombres de los 14 sacerdotes fusilados por el bando nacional, y reconocéis que el resto hasta más de 70, pasan de 56, fueron fusilados en las Vascongadas por el bando rojo-separatista ¿por qué no publicáis al mismo tiempo sus nombres? ¡Por favor! díganlo todo; y no comparen los 6871 sacerdotes martirizados en España por odio a la fe, con los 14 separatistas, que fueron fusilados por el bando nacional, no por odio a la fe, ni por ser sacerdotes, sino por empecinados en su odio a España, que, contra la voluntad “pública y autoritativa” de sus obispos, Mújica y Olaechea,“han hecho causa común con enemigos declarados, encarnizados de la Iglesia; han sumado sus fuerzas a las de ellos; han fundido su acción con la de ellos, y acometen fieramente con todo género de armas mortíferas a los enemigos de ellos, que son sus propios hermanos”? ¿Acaso les cabe duda, señores” obispos, de que hoy, durante 30 años de esta Democracia, el PNV tiene por fuerza armada a la ETA que se declara abiertamente marxista-leninista?¿Han iniciado en sus respectivas diócesis algún proceso de beatificación de sus sacerdotes mártires? ¿No? Yo les acuso de silenciadores de Cristo de nuevo crucificado.
¡Por favor! dígan también que el ejército de batallones gudaris con sus 90 capellanes se comprometieron a conquistar Oviedo para botín del Frente Popular en febrero de 1937. El Comandante jefe de los Capellanes de Gudaris, José María Corta Uribarren, antiguo alumno de Comillas, 32 años, a la hora de seleccionar en Bilbao capellanes para luchar en Oviedo, oyó que alguno le dijo: Tú el primero, que para eso eres el jefe. Tengo testigo.
Pernoctaron en Avilés; algún gudari se dejó en el baño de la casa donde se hospedó la medallita de la Virgen que le había puesto su amachu. Oyeron misa muy devotos, mientras los curas de Avilés, que no habían sido fusilados, se escondían como ratas por la cuenta que les traía. Desfilaron camino de El Escamplero con sus uniformes flamantes y el primer día de entrar en fuego, una bala en el pecho acabó con la vida del Comandante Jefe de Capellanes, José María Corta Uribarren, a quien se le dio solemne entierro por la Gran Vía de Bilbao.
Los más de 30.000 atacantes no sabían que los pocos defensores de Oviedo habían demostrado durante el largo asedio que la ciudad era “invicta”. Pero, señores obispos vascos de hoy, si hubieran tomado Oviedo, ¿qué botín se llevarían en sus conciencias a Bilbao los gudaris y sus capellanes? Se lo voy a asegurar con absoluta certeza: Serían testigos de que los 100 sacerdotes que vivían en Oviedo habrían sido fusilados por los mismos que mataron a 193 sacerdotes en la Asturias roja; serían testigos de que todas las iglesias de Oviedo, incluida la catedral, habrían sido quemadas por los mismos que quemaron las iglesias de Gijón, de Avilés y de las Cuencas mineras. Ese es el botín que, con alegría de locos borrachos de odio a España, llevarían en su conciencia los supercatólicos vascos aliados del Frente Popular.
Entre sus consideraciones, los obispos vascos de hoy nos aseguran: “Deseamos prestar un servicio a la verdad, que es uno de los pilares básicos para construir la justicia , la paz y la reconciliación”; pues dígannos toda la verdad y no reabran heridas por decir sólo verdades a medias; y si tanto interesa la reconciliación, sería interesante que nos dijeran la fecha en que el clero separatista pidió perdón por la desobediencia flagrante a sus obispos uniéndose como cómplices al Frente Popular y sus consecuencias gravísimas de tal desobediencia.
Si nos dicen: “Queremos contribuir a la dignificación de quienes (los 14) han sido olvidados o excluidos y a mitigar el dolor de sus familiares y amigos” lo han podido también demostrar lamentando el olvido y exclusión de los altares de miles de mártires que dieron su vida por la fe sin una sola apostasía, hasta que Juan Pablo II puso empeño en beatificarlos; lo han podido demostrar también presidiendo los funerales de las víctimas de ETA, que hasta que llegó Blázquez a Bilbao, no había obispo que los presidiera, ni mitigara el dolor de sus familiares y proporcionara una caricia a miles de niños huérfanos, víctimas de ETA.
Si nos dicen: “Queremos pedir perdón e invitar a perdonar también nuestras limitaciones no sólo en el pasado sino en el presente”, que nos expliquen porque había tantas dificultades a la hora de encontrar un cura para presidir el funeral de un guardia civil o de un policía asesinado por ETA; que nos expliquen esa extraña Teología de quien se defiende diciendo que “Dios no nos manda amar a todos de la misma manera”.
Totalmente de acuerdo con que “El perdone nuestra ofensas y nos enseñe así a perdonar a los que nos ofenden”, sin excluir que nos dé coraje de soldados cristianos para defender hasta la muerte a Dios y España, frente a los enemigos que, contra toda justicia, pretendían exterminar la Iglesia y convertir nuestra Patria en una colonia o república soviética.
Suscribo la conclusión final de la carta de los obispos vascos de hoy: “Purificando la memoria, sirviendo a la verdad, (se entiende la verdad íntegra)…queremos mirar al pasado, (se entiende no sólo lejano sino también de 40 años para acá con elementos como Arzalluz), para construir un presente y un mañana nuevos” (se entiende con clero joven pletórico de espiritualidad y fervientes católicos vascos al estilo de los eminentes vascos españoles de la historia, desde Ignacio de Loyola a Unamuno, desde Juan de Zumárraga a Zacarías de Vizcarra)
Perdonadme obispos Mújica y Olaechea: no he pretendido interrumpir vuestra visión beatífica de Dios. He salido en defensa de vuestra verdad.
Padre Ángel Garralda
Fuente "Las CRUCES de las ESPADAS"




