OREMOS PARA QUE EL SANTO PADRE CONSAGRE RUSIA AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA, TAL Y COMO LO PIDIÓ LA SANTÍSIMA VIRGEN EN FÁTIMA

Monseñor Marcel Lefebvre

"... sin ninguna rebelión ni amargura ni resentimiento, proseguiremos nuestra obra a la luz del Magisterio de siempre convencidos de que no podemos rendir mayor servicio a la Iglesia, al Papa y a las generaciones futuras. Y seguiremos rezando para que la Roma actual infestada de modernismo llegue a ser otra vez la Roma Católica..."

Ramiro de Maeztu

"Venid con nosotros, porque aquí, a nuestro lado, está el campo del honor y del sacrificio; nosotros somos la cuesta arriba, y en lo alto de la cuesta está el Calvario, y en lo más alto del Calvario, está la Cruz."

"Vosotros no sabéis por qué me matáis, pero yo sí sé por lo que muero, para que vuestros hijos sean mejores que vosotros"

lunes, 29 de noviembre de 2010

ALGUNOS DESVARÍOS INTRAECLESIALES


Para que luego digan que la situación actual de nuestra Santa Madre Iglesia no es culpa del Concilio Vaticano II, es culpa de su “mala interpretación”. Pues si que se ha interpretado mal, si. Porque viendo estas imágenes da la sensación de que no se han enterado de nada, pero de nada de nada.


La verdad es que viendo estas imágenes dan ganas de ponerse a llorar. Porque estos malos “interpretadores” están dejando a la Iglesia como la imagen de arriba.


Para ver el artículo pinchar en la imagen.


Fuente "Apostolado Eucarístico"

jueves, 25 de noviembre de 2010

CARTA AL SANTO PADRE (PABLO VI) SOBRE EL PELIGRO DE EXPRESIONES EQUÍVOCAS FRECUENTEMENTE UTILIZADAS EN LOS TEXTOS DE LOS ESQUEMAS CONCILIARES


Muy Santo Padre:

Humildemente prosternados a los pies de Vuestra Santidad, os pedimos muy respetuosamente os dignéis acoger la súplica que osamos dirigiros.

En vísperas de la tercera sesión del Concilio nosotros estudiamos los esquemas propuestos al voto o la disposición de los Padres. Ante algunas de sus proposiciones debemos confesar nuestra emoción y nuestra ansiedad.

No encontramos absolutamente en su enunciado lo que pedía Su Santidad Juan XXIII: "la precisión de términos y conceptos que hace la gloria especial del Concilio de Trento y del Ier. Concilio del Vaticano". Esa confusión en el estilo y las nociones produce una impresión casi permamente de equívoco.

El efecto del equívoco es exponer al peligro de interpretaciones falsas y permitir desarrollos que no están, seguramente, en el pensamiento de los Padres Conciliares. Es cierto que la "formulaciones" son nuevas y a veces completamente inaceptables. Y lo son a tal punto, creemos, que no nos parecen conservar "el mismo sentido y el mismo alcance" que las que la Iglesia empleaba hasta aquí. A nosotros, que quisimos mostrarnos dóciles a la encíclica "Humani Generis", nos produce una gran confusión.

Este peligro del equívoco no es ilusorio. Ya los estudios hechos por ciertos "expertos del Concilio", bajo la dirección de obispos, extraen conclusiones que se nos había enseñado a juzgar como imprudentes, peligrosas, cuando no fundamentalmente erróneas. Ciertos esquemas, y muy particularmente el del Ecumenismo con su Declaración sobre la libertad religiosa, son explotados a gusto y paladar en términos y en un sentido que, si no los contradicen siempre, por lo menos se oponen formalmente tanto a la enseñanza del Magisterio ordinario cuanto a las declaraciones del Magisterio extraordinario dirigidas a la Iglesia durante más de un siglo. Ya no reconocemos en ellos la teología católica ni la sana filosofía que le debe iluminar el camino por la razón.

Lo que, para nosotros, agrava aun la cuestión es que la impresión de los esquemas nos parece que permite la penetración de ideas, de teorías contra las cuales la Sede Apostólica no ha cesado de ponernos en guardia.

Comprobamos, en fin, que los comentarios que se hacen a los esquemas en estudio presentan las cuestiones propuestas como semi-resueltas. Lo que no deja de presionar (lo dice la experiencia) sobre el voto de los Padres.

Nuestro propósito no es el de "tener razón contra los otros", sino, muy sinceramente, trabajar para la salvación de las almas que la caridad sólo puede asegurar en la verdad.

Nos permitimos agregar que un gran número de fieles y de sacerdotes, a quienes una prensa extremadamente abundante presenta esas perceptivas de "aggiornamiento" aventurado, se confiesan muy turbados.

Nuestra súplica, Santísimo Padre, querría, en la más humilde sumisión, obtener de Vuestra Santidad que en la apertura de los próximos trabajos del Concilio, tenga a bien recordar solemnemente que la doctrina de la Iglesia debe expresarse sin ambigüedad, que respetando esa existencia es como ella aportará las luces nuevas que necesita nuestro tiempo, sin sacrificar nada de los valores que ella ha dispensado ya al mundo, y sin exponerse a servir de pretexto para el resurgimiento de errores sin cesar reprobados desde hace más de un siglo.

Solicitando de Vuestra Santidad la mayor indulgencia para la libertad que nos tomamos, le rogamos se digne acoger los sentimientos de nuestro más filial respeto y nuestra docilidad absoluta y quiera bendecirnos.


Del libro "Acuso el Concilio" de Mons. Marcel Lefebvre

(Esta carta fechada en junio del año 1964, en plena celebración del Concilio Vaticano II y dirigida al Santo Padre Pablo VI, quedó sin respuesta. Una carta firmada por cinco Padres Conciliares y dirigida con toda humildad y sumisión, quedó sin respuesta, lo que dice mucho sobre la clase de persona que era el mencionado Pontífice)

martes, 23 de noviembre de 2010

EL CRISTIANO ANTE LA MUERTE, II


EL MUNDO ANTIGUO

Cualquiera que eche una mirada superficial a la historia del antiguo Oriente Próximo, desde las riberas del Tigris al valle del Nilo, verá que una preocupación parece haber dominado a sus civilizaciones: la muerte. Esto no quiere decir que sea su tema principal, sino que es uno de sus temas primarios. Se menciona entre la épica sumeria, deidades inmortales que reinan donde habitan las sombras de los muertos e incluso hay mención de una "resurrección" temporal de las sombras, y de su retorno a la tierra luminosa. Pero es en el tercer milenio, cuando en todos los países regidos por el Código del gran rey de Babilonia, Hammurabi, los hombres empiezan a enfrentarse con el problema de la justificación de la muerte misma. ¿Por qué este mal, este supremo castigo visita al que no ha hecho ningún mal?

"Gilgamés, ¿hacia dónde viajas...?
Porque los dioses cuando crearon al hombre,
permitieron a la muerte su parte"

Probablemente ninguna raza antigua tuvo un anhelo tan indomable por la vida como lo tuvieron los hijos del Nilo. A pesar de su preocupación por la muerte aparentemente mórbida, y a pesar de su elaboración asombrosa de los ritos funerarios, los egipcios gastaron su mas extraordinarias de energía y tiempo en engañar a la muerte, en afirmar su esperanza en una vida eterna. Saboreaban su vida y se aferraban a ella, "no con la desesperación que brota del horror a la muerte, sino con la certeza feliz de que ellos siempre habían sido vencedores y por eso vencerían incluso a la misma muerte". Sin embargo, es una macabra ironía de la historia, que los testimonios más elocuentes del amor apasionado de los egipcios por la vida, son precisamente las mudas pirámides de la muerte.

La antigua Grecia no era más feliz. El reino de la muerte era algo indeseable. Era más venturoso el afanarse y trabajar sobre la tierra como un campesino que el gobernar como rey las regiones de la muerte. Porque los griegos, como muchos pueblos del mundo antiguo, creían en alguna manera que la muerte no era el final, que los muertos vivían ina vida nada envidiable en algún mundo obscuro y sombrío.

Fue Platón con su visión dualística del hombre como creatura compuesta de materia y espíritu, el que abrió el camino a la creencia en la inmortalidad del alma después de su liberación de las cadenas del cuerpo. Esta esperanza de la inmortalidad del alma dio a la historia griega algunos de sus más terribles ejemplos de coraje ante la muerte. También hizo que los atenienses desecharan bruscamente la predicación de Pablo sobre la resurrección:

"Ya te oiremos sobre esta materia en otra ocasión" (Hech. 17, 32)

Aunque para la mayor parte, la pregunta del mundo antiguo sobre el sentido de la muerte era errónea y descaminada, poseía sin embargo un atisbo infalible: la muerte debía tener su sentido. Pero qué sentido era éste, fue algo indecible para el pagano. Este es el misterio, la muerte únicamente puede ser comprendida bajo la luz de la revelación divina, la cual es necesaria para la comprensión de todo verdadero misterio. Para encontrar el verdadero sentido de la muerte el hombre debe levantar su mirada al Dios viviente, debe oír su Palabra viva. (Continuará...)

Colección "Teología para todos" de Stanley B. Marrow S. J.

lunes, 22 de noviembre de 2010

UN SERMÓN VALIENTE


Sermón del R.P. Gabriel, Pasionista de 29 años, en el Santuario de Santa Gema de Madrid el pasado 19 de noviembre.

Este es el clero claro y valiente que le hace falta a nuestra Santa Madre la Iglesia y a nuestra pobre Patria, para sacarnos de la miseria en la que estamos metidos bajo todos los aspectos. Y no los pusilánimes que normalmente nos encontramos.

¡Enhorabuena Padre!

Para oír el audio, pinchar sobre la imagen.

viernes, 19 de noviembre de 2010

EL CRISTIANO ANTE LA MUERTE, I


La muerte es un tema del cual ningún hombre puede hablar por experiencia; el único tópico donde los conocimientos de primera mano no valen para nada; el único acontecimiento de la historia del cual todos nosotros somos espectadores. En este mundo es la única democracia perfecta, el único destino universal y el común denominador de todos los nacidos de mujer. Es la única ciencia que no admite la analogía y que no tolera la comparación.

Todos cuantos conocemos la muerte, la hemos conocido en "el otro". Ninguno de nosotros tiene recuerdos personales o útiles de la suya propia. Conocemos nuestro total desamparo ante el hecho de la muerte. Conocemos su crueldad serena y su indiferencia imperturbable. La devoción filial, el amor conyugal, la solicitud maternal, la lealtad fraterna: nada puede detener la mano de la muerte. Todos nosotros, hijos o hijas, maridos o esposas, hermanos o hermanas, amigos o compañeros, estamos desamparados ante el imperio irresistible de la muerte. Nuestro desamparo e impotencia no es menor que el del primer hombre al presenciar la muerte, ni lo será menor que el del último hombre al padecerla.

La importancia de la muerte ha enseñado a los hombres a reflexionar y a pensar; de locos ha hecho sabios y de pecadores, santos; ha creado muchas filosofías y ha presidido el nacimiento de muchas religiones. Es el único hecho de la vida que pone el hombre frente a frente con el Absoluto, que le enfrenta con la inexorable finalidad de su última suerte. Se puede ver a un hombre vivir como un ateo, pero no morir; se puede ser un agnóstico a lo largo de la vida, pero con dificultad se será en el momento de la muerte. Podemos ser capaces de analizar la vida, pero únicamente podemos aceptar la muerte; luchamos por vivir, peor nos rendimos al morir. La vida puede ser un problema, pero la muerte es un misterio.

He aquí la pista de la actitud del cristiano hacia la muerte. Para él la muerte es un misterio. Esto significa que es un hecho; y de aquí que , antes de especular sobre él, debemos aceptarlo humildemente. Un misterio verdadero, sin embargo, es, por encima de todo, un hecho sobrenatural; y por tanto un hecho conocido únicamente por la fe. El conocimiento por fe, sin embargo, no puede examinar su objeto desde lejos; debe penetrar dentro, participar y celebrar el misterio que él cree.

Para conocer lo que la muerte es para el cristiano, debemos ver en primer lugar cómo la miraban los precristianos, la antigüedad pagana. Después debemos mirar a la Revelación para aprender lo que nosotros podamos de nuestra disolución definitiva. ¿Qué nos enseña el Antiguo Testamento acerca del significado de la muerte? ¿Qué nos revela el Nuevo Testamento acerca de este misterio? Y, finalmente, ¿cómo ha crecido la Iglesia en el conocimiento y comprensión de este hecho sobrenatural, en su enseñanza y en su culto, por medio de sus doctores y teólogos?

Dados los límites de este folleto, tenemos que ser breves y esquemáticos. Recientemente han aparecido, lo mismo en español, (1) algunas obras valiosas sobre el misterio de la muerte, más profundas en penetración y más extensas en erudición que estas pocas páginas. A ellas puede dirigirse el lector para una mayor luz intelectual y un mayor sustento espiritual. El autor de estas página se considerará más pagado si un solo cristiano logra atisbar lo que San Pablo quería decir con esas palabras:

"para mí el vivir es Cristo y morir, ganancia" (Filip. 1, 21)

Colección "Teología para todos" de Stanley B. Marrow S. J.

Continuará...

(1) N. del E. Entre otras recomendaciones especialmente "El mundo futuro" por Robert W. Gleason, S. J. (Sal Terrae)

jueves, 18 de noviembre de 2010

LA VOZ DE LA TRADICIÓN CATÓLICA


Estos frutos nacidos del Concilio Vaticano II y de las reformas postconciliares son frutos amargos, frutos que destruyen la Iglesia. Y cuando me dicen: "El Concilio y las reformas postconciliares, ni tocarlos", entonces contesto lo mismo que dicen los que hacen las reformas, no soy yo quien ha hecho sus reformas, los que las hacen dicen: "Las hacemos en nombre del Concilio. Hicimos la reforma litúrgica en nombre del Concilio. Hicimos la reforma de los catecismos en nombre del Concilio. Hacemos todas las reformas en nombre del Concilio". Y son ellos, las autoridades de la Iglesia. Son ellos los que por consiguiente, interpretan legítimamente el Concilio. ¿Qué pasó en el Concilio? Podemos averiguarlo fácilmente leyendo los libros que fueron precisamente los instrumentos de este cambio de la Iglesia que ha operado ante nuestros ojos. Leed, por ejemplo, "El Ecumenismo visto por un Masón", de Marsaudon; leed el libro del senador del Doubs, M. Prelot, "El Catolicismo Liberal", escrito en el 69 y que os dirá qué es el Concilio para el católico y liberal. Lo dice en las primeras páginas de su libro: "Habíamos luchado durante un siglo para que prevalecieran nuestras opiniones en el seno de la Iglesia y no lo habíamos logrado. Por fin llegó el Vaticano II y triunfamos. Desde entonces, las tesis y los principios del catolicismo liberal están definitiva y oficialmente aceptados por la Santa Iglesia". ¿No os parece éste un buen testimonio? No soy yo quien lo dice, sino él, exhibiendo su triunfo y felicitándose por él.

Nosotros lo decimos llorando, porque ¿qué han querido los católicos durante un siglo y medio? Casar a la Iglesia con la Revolución. Casar a la Iglesia con la subversión. Casar a la Iglesia con las fuerzas destructoras de la sociedad, de toda sociedad, desde la sociedad familiar y civil hasta la sociedad religiosa. Y este matrimonio de la Iglesia está plasmado en el Concilio: coged el esquema "Gaudium et Spes" y en él encontraréis que hay que casar los principios de la Iglesia con las concepciones del hombre moderno. ¿Qué se quiere decir con eso? Pues se quiere decir que hay que unir a la Iglesia, la Iglesia Católica, la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo, con los principios que son contrarios a esa Iglesia, que la minan, que siempre han estado contra la Iglesia. Y es precisamente esta unión la que se intentó en el Concilio por los hombres de Iglesia. Y no por la Iglesia. (Un Evêque parle, 1976, t. II. pp. 104-105)

Mons. Marcel Lefebvre

UNA VERDAD EN IMÁGENES




MONUMENTOS A LOS CAÍDOS

Monumento a los CAÍDOS en Alcázar de San Juan (Ciudad Real). Situado en la carretera
que une esta localidad con la de Villafranca
de los Caballeros (Toledo)



Monumento de los CAÍDOS en el Toboso (Toledo). En la carretera que une esta localidad con la de Quintanar de la Orden. Es una fosa común, y en la segunda imagen se puede leer el nombre de los CAÍDOS allí fusilados y enterrados.

ALCUBIERRE.
Monumento a los CAIDOS.
Erigido en honor a los soldados, falangistas y requetes que defendieron su posicion, en este lugar, hasta la muerte.


MINA RELAMPAGO.
Situada en HIENDELAENCINA (Guadalajara).
También conocida como "Pozo de los Falangistas", porque a este pozo fueron arrojados vivos 3 jóvenes de Falange durante la Guerra Civil.
Por este horrible hecho, una cruz emplazada en el malacate sirve de piadoso recuerdo.
Siguiendo "su veracidad", los rojos no aceptan esta historia....
Tras recuperar los cadáveres, y tras saber que fueron arrojados vivos, la explicación que dan es que NO FUERON ARROJADOS..... SE TIRARON ELLOS!!!!!!!
Otras explicaciones dicen que murieron en el frente de guerra, y que lanzaron los cadáveres......
NO CUELA..........

lunes, 15 de noviembre de 2010

¡AH SI YO HUBIERA ESTADO ALLÍ!


Cuentan que Clodoveo, tras conocer la pasión de Nuestro Señor, exclamó “¡Ah! si yo hubiera estado allí con mis francos!” Todos hemos tenido en nuestros años infantiles y mozos esta misma reacción, tan ingenua como natural, ante la pasividad de quienes asisten a injusticias o crueldades flagrantes, sin mover un dedo ¿Quién de nosotros no ha pensado “¡ah! si yo hubiera estado allí” al oír hablar de la quema de conventos, del linchamiento de religiosos o de las profanaciones públicas de lugares sagrados?

Lo mismo nos pasa, en cierta medida, con las generaciones que han precedido a los grandes desastres de nuestra historia: ¿Cómo pudieron los habitantes de la España visigoda permitir la invasión musulmana, sin apenas resistencia? ¿Acaso no nos sublevamos también ante la inacción de quienes permitieron la segunda república o consintieron con la “transición” hace tan pocos años? “¡ah! si yo hubiera estado allí”.

Pues, no te quepa la menor duda: hoy estás allí. Allí donde puedes demostrar tu capacidad de entrega y sacrificio. Basta con mirar alrededor, hoy que en nuestra patria, los poderes liberales y socialistas destruyen cuanto queda de sanas costumbres, se aprestan a fragmentar nuestra patria y emplean todos sus medios para desarraigar los últimos restos de catolicismo. Basta con ver, en calles y barrios, cómo crece la marea islámica, dispuesta a dominar nuestra sociedad con su ley cruel y primitiva, haciendo valer hipócritamente los supuestos derechos humanos, que ellos mismos desprecian. Basta ver cómo tantos eclesiásticos, que empiezan a sentir consternación por todo ello, en vez de animar a los católicos, no se les ocurre sino “ir al encuentro de la laicidad” y promover un multiculturalismo no fundamentalista. Palabrería vana que sólo sirve para acrecentar la perplejidad de los fieles y regocijar a socialistas, separatistas e islamistas.

Frente a estos peligros inminentes -y no son los únicos- sólo cabe volver a la doctrina sintetizada en el lema de Dios, Patria Fueros y Rey. Doctrina que reúne la sabiduría clásica de occidente con la Revelación Cristiana, y bajo cuya inspiración han podido los españoles mantener la fe, la unidad y la independencia de su patria, tanto contra las tendencias disgregadoras y totalitarias, como contra el siempre amenazador poder musulmán. Melchor Ferrer decía que las épocas de debilitación del carlismo siempre han coincidido con los mayores avances de la revolución y han precedido a los grandes desastres españoles en los últimos siglos. Y, presentados los ejemplos de la revolución de 1854, de 1868 y de la segunda república, concluye: “mayor es el período de crisis del carlismo y mayor es el estrago revolucionario. Esto es lo que enseña la historia”. Si es verdad lo que dice el egregio historiador, los males que nos acechan deben de ser gravísimos, porque el carlismo arrastra una larguísima crisis, que la Comunión Tradicionalista se ha propuesto superar. Para ello tiene el carlismo que fortalecerse y propagarse, pues las nuevas generaciones lo desconocen por completo. En vuestras manos está hacerlo, porque la falta de esfuerzo en los carlistas y la ausencia de medios son las causas de tanta limitación.

Volvamos a la ingenuidad juvenil que deseaba “estar allí”; depurémosla de todo afán de notoriedad y entreguemos esfuerzo, trabajo y bienes, conforme a nuestras posibilidades. Porque, sea cual fuere el resultado, no hallará el alma mejor bálsamo en las futuras tribulaciones que decir: “cuanto pude hice; a nada más se me podía obligar”.


viernes, 12 de noviembre de 2010

LA EVASIÓN DE LA VIDA Y DE SUS SUFRIMIENTOS y II


Así vienen esos no cristianos a reconocer como motivo único que forma la felicidad humana: el amor de Dios y del prójimo. Si queremos mayor afirmación de la vida, si queremos más valor y abnegación, sólo hay una cosa: la vuelta a una verdadera, profunda religiosidad.

Hay que ir de nuevo a la Cruz y a la imitación del Hombre-Dios, el cual tomó toda pena sin abrir su boca, estribando nosotros en sus huellas hasta que nos llame a sí el Padre Celestial.

No hay duda que la humanidad se purificará en esta crisis mundial en las misteriosas aguas de la tribulación; mas nuestro catecismo da la explicación de que todos los hombres han de sufrir y es el dolor el compañero casi inseparable del hombre.

En vez de fomentar la lucha y odio de clases y atizar en la prensa contra explotadores y ricos, tenemos nosotros los cristianos el deber de proclamar, una y otra vez y siempre, que todo hombre es un ser pasible al que debemos amor; y terminaré con Donoso Cortés:

"Los pobres suspiran bajo la carga de sus penas; los hartos, a causa de su saciedad; los poderosos, oprimidos por su soberbia; los perezosos, por su ociosidad; los envidiosos, bajo su envidia; los elevados, por el más pequeño desprecio."

"El sufrimiento produce la grandeza del hombre, pues no hay grandeza sin sacrificio y el sacrificio no es otra cosa sino sufrimiento sobrellevado voluntariamente. La Iglesia celebra como santos a aquellos fuertes que sobrellevaron todos los sufrimientos corporales y espirituales con el escudo de la paciencia. El que se siente asido por las garras de la codicia y a pesar de eso repele de sí todos los tesoros del mundo; el que percibiendo los atractivos de la concupiscencia, se conserva dueño de sí en su continencia; el que en la lucha contra los pensamientos deshonestos guarda incontaminada la blanca vestidura de su alma; el que sube tanto sobre sí en su humildad, que alcanza victoria sobre su soberbia; el que entristeciéndonos como nos entristecemos muchas veces ante la felicidad ajena, así se vence, que su odiosa tristeza la torna en santa alegría; el que al orgullo que pretendía elevarse hasta las nubes, lo ha derribado hasta la tierra; el que ha vencido su pereza, viniendo a ser ejemplo de aplicación; el que sumido en profunda pena, repudiándola, con noble virilidad, se eleva a la alegría del espíritu; el que por amor de su prójima, contradice a su amor propio y renunciándose a sí mismo, dedica su vida en perfecto holocausto, en heroico sacrificio, a sus prójimos, ese únicamente es el verdadero auxilio en la necesidad del tiempo presente."


Del libro "LA CRISIS DE NUESTRA CULTURA" de F. Buomberger. Traducido del alemán por R.P. José Muñero S. J.

martes, 9 de noviembre de 2010

LA EVASIÓN DE LA VIDA Y DE SUS SUFRIMIENTOS, I


"Yo soy el señor y dispongo de lo que poseo completamente como quiero, y aun cuando no me he dado el ser a mí mismo, con todo tengo derecho a quitarme la vida, si yo quiero". Así piensa y habla y obra el hombre moderno. Y así registran, casi cada día, nuestros periódicos, tragedias de negocio, amor y familia, en las que el juez humano no raras veces se encuentra con el chasco de que el delincuente ha puesto fin a su propia vida. Casi endémicas son ya aquellas tragedias amorosas donde primero la "dama o el héroe de sus pensamientos" es envenenado o muerto de un tiro, para tener después la comparte el mismo finiquito novelesco.

En tanto que en la Edad Media se daban pocos suicidios, puede hablarse hoy de un verdadero y horroroso flujo de ellos y es espantoso ver cuántos especialmente jóvenes, desaparecen voluntariamente de la vida. Y para poner a este síntoma de bancarrota espiritual una etiqueta algo más limpia, no la registra ya la prensa, como suicidio, sino "freitod" (muerte libre). ¡Cuánto se ha pecado a nombre de la libertad! Y atrévense a calificar el suicidio por muerte elegida libremente, donde en personas físicamente normales no es más que un acto de desesperación o de mera huida ante la pena, el castigo o la expiación.

Desde luego que de la significación de la frecuencia de suicidios no pretendo yo sacar ninguna inmediata conclusión para con los casos particulares, y que no se debe, por decirlo así, tirar piedras a la sepultura de esos infelices que así han obrado en un momento de turbación espiritual. Sobre todo, vale aquí aquello del Salvador: "No juzguéis y no seréis juzgados".

El total de suicidios es tan elevado, que absolutamente jamás podrá imputarse a enfermedad espiritual, antes trátase aquí con toda seguridad de falta de valor para vivir.

En tiempos de mis estudios discutíase mucho sobre el problema de la libertad de la voluntad humana y precisamente con motivo del siempre igualmente repetido número de suicidios. Hoy día, holgaría ya tal discusión, pues la creciente cifra de suicidios desmiente a los impugnadores del libre albedrío. El número de suicidios fue, en el siglo XIX, diverso según los países, aunque por desgracia permaneció constante. Ya en el último decenio del siglo XIX, subieron los suicidios en los Estados occidentales de Europa.

Actualmente desaparecen así voluntariamente de la vida anualmente en los Estados cultos unos 100.000 hombres, y aun cuando no aumentará esta cifra, a la que no debería jamás haberse llegado, arrojaría un total de diez millones de suicidios en el siglo XX; pérdida de hombres, poco más o menos, igual a la causada por la guerra mundial.

Puede aducirse como causa segura de esta triste realidad, la creciente irreligiosidad. No se saca, es verdad, antes de suicidarse la fe de bautismo, pero también lo es que la vida religiosa es escudo contra la suicidiomanía. Esto no lo dice un ultramontano, sino Masaryk, el cual, como profesor de Hochschule (politécnica), en una disertación sobre "Suicidio como manifestación de las masas", escribe: "La inteligencia y la moralidad no se modelan y perfeccionan del mismo modo; somos demasiados prudentes para el bien, demasiados malos para ser del todo prudentes. El aspecto que ofrece el mundo y la vida no es del todo armónico, no lo bastante bueno y hermoso para hacernos y conservarnos agradable la vida. Digámoslo breve y claro: la medianía intelectual y moral es la principal causa del moderno tedio de la vida. Nuestra medianía nos da una falsa medida de la felicidad y contento terrestres; nuestra medianía nos amarga los frutos de nuestro progreso en todos los ramos de la vida práctica; nuestra medianía suministra año tras año incalculables víctimas al suicidio. Esta medianía intelectual e inconsciencia moral aparece como irreligiosidad y así tenemos en definitiva que la moderna tendencia suicida tiene su causa apropiada en la IRRELIGIOSIDAD DE NUESTRO TIEMPO"

Quizás algún lector racionalista frunza el ceño cuando a opinión de Masaryk, a los cual puedo oponer la voz de última hora, a saber, del doctor en medicina israelita Eugenio Neter, de Mannheim, que en el periódico "Auslese", acerca de un reproche de que los judíos no tenían el valor suficiente para el suicidio, se expresaba así: "La afirmación de que el suicidio entre los judíos ocurría raras veces, contrasta por desgracia con la realidad, y en el año 1926 la suma de los suicidios judíos llega en Prusia al doble del porcentaje correspondiente a toda la población".

"Una cosa hay cierta: en tanto que los judíos vivían firmes en le fe conforme a su ley, observábanla en cuanto prohibe terminantemente el suicidio y era éste una cosa extremadamente raro entre ellos, tanto como entre los buenos creyentes cristianos. A medida que se aflojaron los lazos religiosos, tomaron cuerpo las cifras de suicidios entre los judíos como entre los cristianos, por debilitarse de un modo semejante el freno religioso".


Del libro "LA CRISIS DE NUESTRA CULTURA" de F. Buomberger. Traducido del alemán por R.P. José Muñero S. J.

domingo, 7 de noviembre de 2010

NUESTROS MÁRTIRES


RAMON SALES AMENOS

Campesino y requeté, nacido en 1893 en el pueblo leridano de La Fuliola, con quince años se trasladó a Barcelona, junto con sus hermanos, al enviudar su madre. Trabajó como dependiente en unos almacenes, y en 1918 ingresó en el Sindicato Mercantil de la CNT. Al estar en desacuerdo con su ideología libertaria, en diciembre de 1919, con otros miembros del Ateneo Obrero Legitimista (Baró, Roig, Fort, Clavé, etc.), fundó la Unión de Sindicatos Libres, de la que sería líder indiscutible.La denominación de “Libres” dejaba clara su independencia respecto de cualquier formación política así como respecto de la patronal, con el fin de asegurar una verdadera defensa de los intereses de los trabajadores. Como el carlista vizcaíno Pedro Ullaortua los definió “unidad de los trabajadores contra el sistema capitalista en total autonomía”. Sin embargo el carácter carlista de la doctrina que promovían era evidente, así como el legitimismo de sus miembros (y recíprocamente era enorme la cercanía de los Reyes Legítimos por dichos sindicatos). Y en su propaganda ambos aspectos quedaban claros, con la denuncia y la lucha contra separatistas, marxistas, liberales y anarquistas. Los Sindicatos Libres organizaron huelgas, bolsas de trabajo, seguros sociales y asistencia obrera. Su labor fue enorme para dignificar las condiciones de vida de las masas obreras, condenadas a la explotación por el liberalismo capitalista.

El Sindicato Libre pronto chocó con la CNT, y también hubo de hacer frente a la Patronal, que pretendía subordinarlo a sus intereses. Sin embargo, los Libres también crearon sus grupos de autodefensa armada. No obstante, los Libres estaban naciendo (murieron 53 dirigentes a manos de pistoleros anarquistas) y la pérdida de dirigentes les hacía más daño.

Tras la proclamación de la Segunda República, comenzó una represión feroz contra el Sindicato Libre, auspiciada por el abogado ex-cenetista y presidente de la Generalidad de Cataluña, Luis Companys, del partido ERC que suscribió el llamado Pacto del Hambre, por el cual la patronal acordó con la CNT y la UGT no contratar a ningún trabajador afiliado a los Sindicatos Libres. Unos 4.000 trabajadores catalanes fueron afectados por dicha medida, quedando más de 200 que por edad no pudieron trabajar nunca más condenados a la pobreza y a la marginalidad.

Ramón Sales tuvo que exiliarse a Francia, donde vivió de albañil y otros oficios. En 1935 volvió a Barcelona en la clandestinidad. Su ausencia determinó una infiltración de elementos del Bloque Nacional de José Calvo Sotelo en los mismos, lo que provocó ciertas divisiones en el sindicalismo carlista.

Capturado por milicianos de la CNT en la primavera de 1936, se escapó el 19 de julio y volvió a huir a Francia. Retornando de nuevo para organizar la quinta columna barcelonesa fue capturado el 30 de octubre y descuartizado vivo en las Ramblas, ante las oficinas de Solidaridad Obrera: "Encadenaron los pies y las manos de Sales a cuatro camiones. Acto seguido los camiones emprendieron la marcha, en direcciones distintas."


Fuente "FAMILIARES Y AMIGOS DE LOS REPRESALIADOS POR LA 2ª REPUBLICA (1931-1939)" (FACEBOOK)

APRECIO Y ESTIMA DE LA DIVINA GRACIA


LA GRACIA ES SUPERIOR A TODA LA NATURALEZA

La ventaja de la gracia sobre los bienes de la naturaleza no es como quiera, sino con tal exceso, que la más pequeña partecita de gracia es más que toda la naturaleza entera, material y espiritual. Esto sintió claramente Santo Tomás cuando dijo: "Que el bien de la gracia de uno es mayor que el bien de la naturaleza de todo el universo". Lo cual parece tomó de San Agustín, que también dice: "La gracia de Dios se aventaja, no sólo a todas las estrellas y a todos los cielos, sino también a todos los ángeles". Esto mismo supone el Eclesiástico (16, 3), cuando prefiere un justo a mil que no lo son; porque vale más un alma con gracia, que un mundo de hombres y ángeles sin ella.

Hizo a Cayetano tanto peso esta ventaja de la gracia, que, repitiendo las palabras de Angélico Doctor, dice él éstas: "Ten delante de tus ojos siempre, de día y de noche, que el bien de la gracia de uno es mejor que el bien de la naturaleza de todo el universo, para que continuamente veas qué condenación amenaza a quien no hace caso ni pondera tan gran bien que le ofrencen". Por ciento que dice bien; porque justísimamente merece ser condenado quien desprecia tal don, por ser ofrecido de Dios, y por ser tan grande, y por despreciarle por tan poco como los bienes perecederos de la tierra...

La gracia, dijo San Buenaventura que era el primero y excelentísimo entre los dones criados. San Agustín dijo, hablando de la caridad, que no hay don más excelente que este don de Dios. En otra parte le llama "don levantado". San Macario le dice "inefable beneficio". San Eulogio escribe que sobrepuja todos los dones de Dios.

Abre, pues los ojos de tu consideración, y tenlos perpetuamente enclavados en esto, como dice Cayetano, que vale más un grado de gracia que los bienes y riquezas y naturaleza de todo el universo. Teme la condenación que amenaza a quien no estime tan grande bien que le ofrece Dios, y que Jesús nos mereció con su sangre. Lástima es, y para llorar con lágrimas del corazón, cuántos perjuros intervienen, cuántos testigos falsos se solicitan, cuántas violencias se ejecutan, cuántas diligencias ilícitas se disponen, cuántos odios se excitan por un bien temporal, malbaratando montes de gracia. Abre los ojos y mira lo que se pierde por ganar aquello con que se han de perder más los hombres.


Del libro"Aprecio y estima de la Divina Gracia" del R.P. Juan Eusebio Nieremberg S. J.