OREMOS PARA QUE EL SANTO PADRE CONSAGRE RUSIA AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA, TAL Y COMO LO PIDIÓ LA SANTÍSIMA VIRGEN EN FÁTIMA

Monseñor Marcel Lefebvre

"... sin ninguna rebelión ni amargura ni resentimiento, proseguiremos nuestra obra a la luz del Magisterio de siempre convencidos de que no podemos rendir mayor servicio a la Iglesia, al Papa y a las generaciones futuras. Y seguiremos rezando para que la Roma actual infestada de modernismo llegue a ser otra vez la Roma Católica..."

Ramiro de Maeztu

"Venid con nosotros, porque aquí, a nuestro lado, está el campo del honor y del sacrificio; nosotros somos la cuesta arriba, y en lo alto de la cuesta está el Calvario, y en lo más alto del Calvario, está la Cruz."

"Vosotros no sabéis por qué me matáis, pero yo sí sé por lo que muero, para que vuestros hijos sean mejores que vosotros"

miércoles, 20 de noviembre de 2013

EL ASESINATO...

Cuando quisieron vendarle los ojos, José Antonio rechazó el ofrecimiento meneando enérgicamente la cabeza y gritando un “¡no!” tan rotundo, que resonó en todo el recinto carcelario.
Gritó tan fuerte “¡ARRIBA ESPAÑA!”,  que el sonido se confundió con la descarga de sus verdugos.

Se quebró su cuerpo, cayendo doblado, empapadas en sangre sus rodillas. La chusma allí reunida gritó obscenidades; ni un grito, ni un “¡ay!” en el Mártir… José Antonio recibió la descarga en las piernas; no le tiraron al corazón ni a la cabeza; lo querían primero en el suelo, revolcándose de dolor. No lo lograron. El héroe cayó en silencio, con los ojos serenamente abiertos. Desde su asombrado dolor, miraba a todos sin lanzar un quejido, pero cuando el miliciano que mandaba el pelotón avanzó lentamente, pistola martillada en mano y encañonándolo en la sien izquierda, le ordenó que gritase “¡Viva la República!”, en cuyo nombre cometía el crimen, recibió por respuesta otro “¡ARRIBA ESPAÑA!”.
 Volvió entonces a rugir la chusma, azuzando a la muerte. Rodeó el miliciano el cuerpo del caído y apoyando el cañón de la pistola en la nunca de su indefensa víctima, disparó el tiro de gracia.
Entre los papeles de la víctima se halló una cuartilla autógrafa del 14 de agosto anterior, en la que repetía incansablemente: “¡ARRIBA ESPAÑA! ¡ARRIBA ESPAÑA! ¡ARRIBA ESPAÑA!...”

Joaquín Martínez Arboleya, testigo del asesinato de José Antonio. Tomado del libro “La Pasión de José Antonio” de José María Zabala

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