
MARÍA, FORTALEZA DE LAS ALMAS
Nada hay, Madre mía, que tanto valor infunda a un hijo como la sombra de su madre. Cubierto y amparado por ella, siéntese héroe, lucha, triunfa y muere fiel a su deber… Tu manto, Madre mía, es coraza para tus hijos; tu mano, escudo protector… Tu mirada alienta al heroísmo… A tu lado, mi alma se siente fuerte contra los embates del mundo y del demonio…
Quiero, Madre mía, luchar por ser bueno a tu lado. Vencedora del pecado y del infierno, Torre de fortaleza, acógeme a tu abrigo y protección, seguro de que tu nombre será mi égida y mi amparo y mi galardón… No es posible la derrota a tu lado…
MARÍA, ESPEJO PURÍSIMO
El mismo Dios, Madre mía, se ha mirado en Ti, como en espejo cristalino, sin mancha… Nadie como Tú, ha reflejado su Imagen; nadie la aprisionó como Tú… Era para Jesús una de sus mayores delicias pirarse en Ti y contemplar la fidelidad con que El se veía reproducido en Ti.
Una de las mayores alegrías de la maternidad, es la de sentirse prolongada, continuada en los hijos… Quisiera, Madre mía, que al mirarme, como a pobre hijo tuyo, te sintieras reflejada en mí, por tu pureza, humildad, obediencia… ¿No es sagrado deber de un hijo el ser fiel a la sangre y espíritu heredados? ¡Cómo debo trabajar, Madre mía, por asemejarme más a Ti!
Propósito.- Ten valor en las tentaciones, confiando en María y resuelve hacer más honor a tu excelso título de hijo.
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