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Los Ángeles, criaturas tan perfectas, por un solo pecado de pensamiento de soberbia fueron convertidos en demonios feísimos y condenados al fuego eterno |
Pregúntame ahora, hija mía: Los Ángeles, criaturas tan
perfectas, por un solo pecado de pensamiento de soberbia fueron convertidos en demonios
feísimos y condenados al fuego eterno; ¿qué hará Dios conmigo, criatura ingrata
que tantas veces le ofendí en pensamientos, palabras y obras?... Adán y Eva,
por un solo pecado de desobediencia, fueron arrojados del paraíso y sujetos a
tantas penas, a pesar de hacer novecientos años de penitencia; ¿qué suerte me
estará reservada a mí, que tantas veces desobedezco a Dios, a mis padres y
superiores?
¡Oh Dios de bondad, Dios de misericordia! ¡Cuántas almas,
cuántas jóvenes se habrán condenado con menos pecados que yo… y yo, pecadora de
mí, aún vivo y puedo salvarme!... ¿Qué sería de mí si hubiese muerto al cometer
el primer pecado grave?... Penaría, rabiaría, me desesperaría sin provecho… y
eternamente… ¡Oh hija mía! Yo no cometí los pecados que tú… jamás cometí pecado
mortal, y si no hubiese abandonado aquellas galas y pasatiempos… ciertas
amistades de mi juventud… me hubiera condenado… mostróme el Señor el lugar que
me estaba reservado en el infierno.
A ti quizás el Señor también te tenía preparado en el
infierno el lugar que tus pecados merecían… pero ten confianza, enmiéndate, haz
penitencia, sobre todo no abandones el cuarto de hora de oración, y apártate de
las malas compañías, de las malas lecturas… de todas las ocasiones de pecar, y yo te alcanzaré la salvación eterna
Santa Teresa de Jesús
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