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Tentaciones de San Jerónimo |
Y he aquí que ángeles se la acercaron y le servían.
Mientras duró la batalla, no dejó que aparecieran los ángeles, con el fin de no
espantar la caza; mas, una vez que confundió en todo al enemigo y le obligó a
emprender la fuga, entonces aparecieron aquellos. Aprended de ahí que también a
vosotros, después que hayáis vencido al diablo, os recibirán los ángeles entre
aplausos y os acompañarán por dondequiera como una guardia de honor. De este
modo, en efecto, se llevaron los ángeles a Lázaro, salido que hubo de aquel
horno ardiente de pobreza, del hambre y de la estrechez más extrema. Ya os lo
he dicho antes: muchas son las cosas que aquí muestra Cristo de que hemos de aprovecharnos
nosotros. Como quiera, pues que todo esto ha sucedido por nosotros, emulemos e
imitemos también su victoria. Si se nos acerca uno de esos servidores que tiene
el demonio, y que piensa como él, para provocarnos y decirnos: “Si eres hombre
admirable y grande, traslada de sitio esta montaña”, no nos turbemos ni
escandalicemos. Respondamos con moderación y con las mismas palabras que oímos
pronunciar al Señor: No tentarás al Señor, Dios tuyo. Si nos pone delante la
gloria y el poder, si nos ofrece muchedumbre sin término de riqueza a condición
de que le adoremos, mantengámonos firme valerosamente.
San Juan
Cristóstomo, Sermones sobre San Mateo
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