
Oyendo ayer los medios de comunicación hablar sobre la “Fiesta de la Familia” y su gran éxito, me puse a pensar sobre la situación social, política y religiosa en nuestra patria, por no querer salir más allá de nuestras fronteras, y me acordé de un artículo leído recientemente que habla sobre las grandes concentraciones del Papa Juan Pablo II con la “juventud” mundial, en las llamadas “Jornadas de la juventud” que creo que viene muy a cuento si se compara lo que pasó ayer en el madrileño Paseo de la Castellana con nuestra triste realidad patria.
“¿Fueron concretamente las jornadas de la juventud momentos de conversión y de anuncio claro del Evangelio, del mensaje de la Iglesia Católica como única arca de salvación? Si nos limitamos al encuentro con las masas de jóvenes aquí en España tenemos que decir que al menos se nos permita la duda horradamente sostenida. Un análisis de la sociedad española nos pone de manifiesto que estamos ante una sociedad enferma, profundamente dañada, sin reservas para enfrentarse a una situación política y una crisis religiosa generalizada en la que no se advierte, por ninguna parte, grupos más o menos numerosos que puedan generar una reacción vigorosa y católica ante los hechos que día a día van destruyendo nuestro tejido social, nuestra entidad especialísima como Nación… Hacíamos referencia a esas multitudes que en Santiago de Compostela o en Madrid aclamaron, gritaron, vitorearon al Papa, en sus últimos años ya muy enfermo, y que de las mismas no han surgido unos importantes núcleos en la vida política o religiosa capaces de sacar de su letargo a amplias capas de la nuestra sociedad que permanecen en su indolencia, ceguera, tibieza e ignorancia. Estos jóvenes del Papa no han demostrado en el momento crucial que vivimos aquí en España haber sido renovados en justicia y santidad verdaderas para convertirse en levadura capaz de fermentar la masa”
Creo que no hace falta mucha inteligencia para entender.
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