¡Madre mía! Déjame que te llame así, aunque sea el más pobre y el más malo de tus hijos. Para los más pobres tienes Tú, dulce Madre las más esplendidas generosidades, y para los más malos, tus ternuras más maternales.
Mírame, ¡oh Madre mía! mírame a tus pies, con esa mirada de misericordia con que las madres envuelven a sus pobres hijos. Soy hijo tuyo, porque Jesús me ha confiado a Tí, porque Tú me has aceptado por hijo, porque yo te he escogido por Madre, porque yo te confieso la mejor, la mas buena, la más tierna de las Madres. Soy tuyo, Madre mía, y no puedes mirarme, a pesar de mis miserias, ni con indiferencia, ni con desamor. Mi ruindad misma ¿no es un título más que me hace acreedor a tu benigna indulgencia, Reina y Madre de misericordia?
Aquí me tienes en brazos de tu maternal bondad. Quiero rendirte un tributo de cariño y gratitud durante este mes de mayo, mes florido para Tí. Mi alma no tiene flores que ofrecerte porque me veo estéril para toda virtud, lleno de miserias, pecados e imperfecciones. Ofrézcote, en cambio, Madre mía, mi vida entera, mi alma toda, en homenaje de total entrega a Tí. Se mi Reina, para compadecerte de mi; se mi Madre, para quererme. Compadéceme, quiéreme siempre, no me desampares nunca, vela por mí, para que sea un trofeo más de tu misericordia y bondad, en la tierra y en el cielo. AMEN
"Mes de Mayo brevísimo" del R. P. Juan R. de Legísima, O.F.M.
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