LA INMACULADA
Desde la eternidad ocupas, Madre mía, lugar privilegiado en la mente de Dios... Predestinada a ser Hija predilecta del Padre, Madre amadísima del Hijo, Esposa Santísima del Espíritu Santo, eres "escogida como el sol", como la criatura más ligada a la Santísima Trinidad. ¡Cuánta perfección veo en Tí, Madre mía!
No hay sombra de mancha en Tí. Eres toda hermosa, dice el Espíritu Santo al mirarte... Satanás, a quien venías a humillar para siempre, no tuvo parte en Tí...; no pudo mancharte con su baba inmunda... ¡Madre mía!, triunfadora de Satán; humíllalo otra vez en mí... ¡Que yo, ayudado por Tí, triunfaré de las tentaciones con que me asalta...!
MISIÓN DE MARÍA
¡Qué papel tan admirable, Madre mía, te ha adjudicado Dios para mí...! Asociada constantemente a la misión redentora y salvadora de Jesús, por la Encarnación le robas a los cielos y le das tu propia carne y sangre, para dármela...; por la Redención ofreces a los cielos en holocausto y expiación de mis pecados esa carne y sangre adorables...; por la Eucaristía, te constituyes en verdadera Madre mía, al darme la carne y sangre de Jesús, que son carne y sangre tuyas... ¡Qué bien cumples tus deberes de Madre para mí...!
Encarnación, Redención, Eucaristía, misterios del Amor Divino, pero misterios también del Amor tuyo hacia mí, Madre mía... Quiero meditarlos, venerarlos, amarlos en este aspecto íntimo y particular... ¡Qué Madre eres, Madre mía...!
Propósito.- En las tentaciones invoca siempre a María y comulga siempre con vivo afecto y espíritu de unión a Ella.
"Mes de Mayo brevísimo" del R. P. Juan R. de Legísima, O.F.M.
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