SANTIDAD DE MARÍA
¡Admirable santidad la tuya, Madre mía! Predestinada para ser en la tierra madre del Santo de los Santos, de la Santidad misma, ¡de qué dones, gracias, carismas y virtudes debió de enriquecerte...! Tú fuiste el riquísimo estuche que encerró la inapreciable joya de Jesús... Y si las almas se santifican en el trato con Dios, Tú, Madre mía, Tú "Templo de Dios", "Sagrario del Espíritu Santo", Madre de Dios, ¡qué maravilla de perfección y santidad eres...!
Brota en tu alma, Madre mía, otra fuente de santidad no menos rica. Bien puedes decir: "Mi amado para mí y yo para El!, porque si Dios "te eligió y reeligió", como dice la Iglesia, ¡qué dedicación y consagración la tuya a El...! Tu vida es un continuo acto de amor a Dios esencia y resumen de toda santidad... ¡Santa Madre mía!
MARÍA, REINA
No hay imperio como el tuyo, Madre mía. El cielo y la tierra, los ángeles y los hombres, el mismo Dios, tu Hijo, te obedecen... Vestida del sol, calzada de la luna, coronada de estrellas, a la diestra del mismo Dios, levantas el cetro amable de tu poder... Los hombres jamás pudimos soñarla como Tú...
Eres mi Reina, Madre mía, por todos los títulos... Los tienes todos a mi veneración y cariño. ¿Hay poder, y belleza y bondad y benignidad como la tuya? ¡Qué grato vivir bajo tu cetro! Mi alma y mi vida, como si no tuvieses tantos títulos a su veneración y afecto, te eligen su Reina por aclamación... ¡Reina y Madre mía! ¡Vasallo e hijo tuyo!
Propósito.- Haz frecuentes actos de presencia de Dios y aclama a María por Reina tuya.
"Mes de Mayo brevísimo" del R. P. Juan R. de Legísima, O.F.M.
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