
Dios Todopoderoso y Eterno, dígnate mirar el rostro de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, y por el amor a Él, ten piedad de tus sacerdotes.
Acuérdate, Dios Misericordioso, que ellos son débiles y frágiles criaturas. Mantén vivo en ellos el fuego de tu amor. Guárdalos cerca de Ti para que el enemigo no prevalezca contra ellos y para que no sean jamás indignos de su sublime vocación.
¡Oh Jesús!, te pido por tus sacerdotes fieles y fervorosos, por tus sacerdotes tibios e infieles; por tus sacerdotes que trabajan cerca de nosotros o en las misiones lejanas; por tus sacerdotes tentados, por tus sacerdotes que sufren la soledad o el abandono; por tus sacerdotes jóvenes, por tus sacerdotes ancianos; por tus sacerdotes enfermos, por tus sacerdotes agonizantes; por las almas de tus sacerdotes que sufren en el Purgatorio.
Especialmente te encomiendo los sacerdotes que me son más caros: el sacerdote que me bautizó, aquellos que me absolvieron de mis pecados; los sacerdotes a cuyas Misas asistí y me dieron tu Cuerpo y tu Sangre en la Sagrada Comunión; los sacerdotes que me enseñaron e instruyeron, que me alentaron y aconsejaron; todos los sacerdotes a quienes me liga una deuda de gratitud.
¡Oh Jesús!, consérvalos cerca de tu Corazón y concédeles abundantes bendiciones por el tiempo y la eternidad. AMEN
Compuesta por el Cardenal Mundelein, Arzobispo de Chicago
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